El problema que aborda el documento es sencillo: en las personas mayores con enfermedad cardiovascular no basta con evaluar únicamente el corazón y el sistema vascular. El deterioro cognitivo, la fragilidad y la disminución de la función física están estrechamente relacionados y pueden influir no solo en los resultados clínicos, sino también en la tolerancia al tratamiento y en la capacidad de mantener una vida independiente.

La enfermedad cardiovascular en el contexto del envejecimiento biológico

El ACC explica que la enfermedad cardiovascular, el deterioro cognitivo y la fragilidad no deberían entenderse simplemente como problemas separados, sino como manifestaciones de procesos biológicos de envejecimiento compartidos.

Factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes, la obesidad y la hiperlipidemia también se asocian con el riesgo de deterioro cognitivo y fragilidad. La inflamación, la disfunción vascular, la rigidez arterial y la pérdida de función muscular pueden afectar simultáneamente a múltiples sistemas orgánicos.

Por ello, la atención cardiovascular de las personas mayores debe ir más allá de la presión arterial o la función cardiaca e incluir cuánto puede moverse realmente una persona y hasta qué punto puede mantener su independencia.

El cribado de fragilidad entra en la práctica cardiovascular

El Statement plantea la necesidad de realizar un cribado rutinario y factible del deterioro cognitivo y la fragilidad en personas mayores con enfermedad cardiovascular, tanto en consultas ambulatorias como después de una hospitalización.

Esto sitúa la fragilidad más allá de los límites tradicionales de la geriatría y la rehabilitación y la incorpora a la atención cardiovascular. Dos pacientes con el mismo diagnóstico cardiovascular pueden tener trayectorias de recuperación muy diferentes en función de su reserva fisiológica y su estado funcional.

Esta es también la razón por la que el ACC destaca la importancia de resultados como la movilidad, la independencia y la función física, además de los desenlaces cardiovasculares tradicionales.

El SPPB como evaluación directa de la función física

Una de las secciones más relevantes del Statement se refiere a la evaluación directa de la función física.

El ACC presenta la fuerza de prensión, la velocidad de la marcha y la Short Physical Performance Battery (SPPB) como ejemplos de métodos de evaluación física directa. El SPPB incluye el mantenimiento del equilibrio en tres posiciones, una marcha de 3 o 4 metros y cinco levantamientos de una silla con los brazos cruzados.

Los autores señalan que estas evaluaciones físicas directas pueden ayudar a predecir la fragilidad física, las caídas y la dependencia.

El SPPB no es una prueba nueva. Lo destacable es que un Scientific Statement oficial del ACC sobre personas mayores con enfermedad cardiovascular incluya el SPPB entre las medidas directas de función física clínicamente relevantes.

El verdadero reto es el flujo de trabajo clínico

El Statement no se limita a identificar evaluaciones útiles.

Los autores también señalan que incluso las medidas de rendimiento físico relativamente breves pueden ser difíciles de incorporar a una consulta de cardiología o medicina interna. Las visitas clínicas ya incluyen numerosas tareas y la evaluación física requiere espacio, tiempo del personal, administración estandarizada, medición y documentación.

Por ello, el documento destaca la necesidad de estrategias de cribado pragmáticas y viables en entornos asistenciales de alto volumen, teniendo en cuenta las barreras de recursos y de flujo de trabajo.

La pregunta principal ya no es simplemente: “¿Debemos evaluar la fragilidad?”

La pregunta es: “¿Cómo podemos evaluarla de forma consistente como parte de la atención cardiovascular rutinaria?”

La función es en sí misma un resultado importante en pacientes cardiovasculares mayores

El Statement también cuestiona el énfasis tradicional de la investigación cardiovascular en grandes eventos como la muerte, el infarto de miocardio y el ictus.

Para muchas personas mayores, otros resultados son igualmente importantes: poder caminar, volver a una vida independiente después de una hospitalización y mantener la capacidad para realizar las actividades cotidianas.

Los autores señalan que las medidas de rendimiento físico y función diaria a menudo están ausentes o no están estandarizadas en los ensayos clínicos. Plantean la necesidad de incorporar de forma más sistemática los resultados funcionales tanto en la atención clínica como en la investigación con personas mayores con enfermedad cardiovascular.

La recuperación funcional también es central en la rehabilitación cardiaca

Esta perspectiva se relaciona directamente con la rehabilitación cardiaca.

Al abordar la resiliencia de las personas mayores con enfermedad cardiovascular, el Statement describe dominios fundamentales como la marcha, la fuerza muscular, el equilibrio y la resistencia, estrechamente relacionados con la capacidad de recuperar la independencia después de una enfermedad o una hospitalización.

La rehabilitación cardiaca también está evolucionando más allá del ejercicio aeróbico para incluir enfoques multidominio que incorporan fuerza, equilibrio, movilidad, nutrición y otras necesidades de salud.

Por tanto, medir repetidamente el estado funcional con un método estandarizado antes y después del tratamiento o la rehabilitación puede servir no solo como cribado, sino también para seguir la recuperación y la respuesta al tratamiento.

La brecha de implementación señalada por los autores del ACC

Las secciones finales del Statement describen con claridad la brecha que todavía existe.

Actualmente no hay consenso sobre un “standardized and clinically feasible approach to frailty assessment” que pueda integrarse de manera eficiente en los flujos de atención cardiovascular.

Los autores también identifican preguntas prácticas aún no resueltas: cómo debe incorporarse el cribado al flujo de trabajo de cardiología, quién debe realizarlo y qué umbrales deben conducir a una evaluación adicional o a una derivación.

El problema, por tanto, no es la ausencia de evaluaciones con significado clínico. El reto de implementación consiste en hacerlas breves, consistentes, repetibles y prácticas en entornos clínicos con una gran carga asistencial.

Un posible papel para el SPPB automatizado

AndanteFit es un sistema automatizado diseñado para medir y puntuar los tres componentes del SPPB —equilibrio, velocidad de la marcha y cinco levantamientos de una silla— mediante un proceso instrumentado y estandarizado. Está diseñado para reducir el cronometraje y el registro manuales y completar una evaluación SPPB en aproximadamente tres minutos.

El valor de la automatización no reside únicamente en la rapidez. También permite aplicar el mismo protocolo entre distintos operadores y centros y recopilar evaluaciones repetidas en un formato consistente.

El reto central planteado por el Statement del ACC no es crear un nuevo concepto de fragilidad. Es cómo integrar una evaluación de la función física con significado clínico en los flujos reales de atención cardiovascular y de investigación.

Desde esta perspectiva, consideramos que un sistema SPPB automatizado como AndanteFit puede contribuir a abordar las preocupaciones planteadas por los autores del ACC en relación con el tiempo, la estandarización, el personal y el flujo de trabajo, y facilitar la incorporación de la evaluación de la función física a la atención cardiovascular rutinaria.