El documento va más allá de la pregunta de si la fragilidad es importante. Su enfoque práctico es qué instrumentos deben utilizar los programas de trasplante, cuándo debe repetirse la evaluación y qué debe hacerse cuando se identifica fragilidad.
De la observación subjetiva a una evaluación objetiva de la fragilidad
Uno de los mensajes más claros del consenso es que la fragilidad no debería evaluarse únicamente mediante la observación subjetiva.
Los autores señalan que las valoraciones subjetivas —el llamado “eyeball test”— pueden variar según la edad, el sexo, la constitución corporal y el profesional que realiza la evaluación. También pueden pasar por alto formas más leves de fragilidad que siguen asociándose con peores resultados.
Por ello, el consenso recomienda incorporar medidas objetivas de fragilidad al proceso multidisciplinar de evaluación y selección para trasplante pulmonar. También recomienda elegir instrumentos que hayan sido estudiados rigurosamente en poblaciones de trasplante pulmonar y que permitan utilizar los datos de forma fiable para la toma de decisiones clínicas.
El SPPB es una de las medidas de fragilidad física más estudiadas
El consenso divide de forma general las evaluaciones de fragilidad en medidas de fragilidad física y medidas basadas en acumulación de déficits.
Entre los instrumentos de fragilidad física, la Short Physical Performance Battery (SPPB) y el Fried Frailty Phenotype (FFP) se describen como los más estudiados en poblaciones de trasplante pulmonar.
El SPPB evalúa el rendimiento de las extremidades inferiores mediante tres componentes: equilibrio en bipedestación, velocidad de la marcha y levantamientos repetidos de una silla. La puntuación total va de 0 a 12, y una puntuación más alta indica mejor rendimiento físico. El consenso describe el SPPB como una medida objetiva y sensible que puede completarse aproximadamente en 5–10 minutos.
Es importante que la evidencia no se limita a un único resultado. En candidatos y receptores de trasplante pulmonar, el SPPB se ha estudiado en relación con la respuesta a la prehabilitación y la rehabilitación, la discapacidad y la calidad de vida relacionada con la salud, la muerte o exclusión de la lista de espera, los resultados hospitalarios y de UCI, los reingresos y la supervivencia después del trasplante.
El consenso no designa una única herramienta como la mejor
La relevancia del SPPB no debe interpretarse como una recomendación para que todos los programas de trasplante lo utilicen como única medida de fragilidad.
El documento de la ISHLT evita explícitamente recomendar un único instrumento para todos los programas. Las distintas herramientas captan diferentes dimensiones de la fragilidad y cada programa de trasplante tiene objetivos clínicos, recursos y flujos de trabajo propios.
Por ejemplo, el FFP combina medidas objetivas, como la velocidad de la marcha y la fuerza de prensión, con dominios autoinformados como pérdida de peso, agotamiento y actividad física. El Lung Transplant Frailty Score (LT-FS) fue desarrollado específicamente para el trasplante pulmonar y puede ofrecer una mayor capacidad predictiva para algunos resultados, pero dependiendo del modelo requiere variables clínicas adicionales, fuerza de prensión, composición corporal o biomarcadores de investigación.
Por tanto, la pregunta práctica no es qué herramienta es universalmente “la mejor”, sino qué medida validada se adapta al objetivo de cada programa.
El cribado universal cambia el papel de la evaluación de fragilidad
El consenso recomienda que todos los programas de trasplante realicen cribado de fragilidad en todos los candidatos a trasplante pulmonar.
Este es un cambio importante. La evaluación de la fragilidad no debería reservarse únicamente para pacientes que parezcan mayores, débiles o visiblemente limitados. El cribado universal puede reducir el sesgo de la valoración clínica selectiva y proporcionar una base estandarizada para la evaluación del candidato, la información al paciente, la intervención y la planificación del programa.
El documento también vincula la evaluación de la fragilidad con diferentes objetivos del programa, como las decisiones de inclusión en lista, las intervenciones antes del trasplante, las expectativas sobre el curso postoperatorio, la evaluación del rendimiento del programa y la planificación de recursos.
El SPPB aparece de forma repetida entre las medidas de fragilidad física que pueden apoyar estos objetivos.
La fragilidad es dinámica y puede ser reversible
Otro mensaje importante es que la fragilidad no debería tratarse automáticamente como una contraindicación fija para el trasplante.
En algunos pacientes, la fragilidad física puede estar impulsada en gran medida por la propia enfermedad pulmonar avanzada y mejorar después del trasplante. El consenso cita evidencia de que la fragilidad física se resolvió después del trasplante en una proporción considerable de receptores supervivientes que eran frágiles antes de la cirugía.
Por ello, el documento destaca la posible reversibilidad de la fragilidad y la necesidad de considerar si un paciente puede mejorar con tratamiento, rehabilitación o trasplante.
La evaluación de la fragilidad es, por tanto, más útil cuando se considera una medida longitudinal y no una etiqueta aplicada una sola vez.
El cribado debe conducir a prehabilitación y reevaluación
Cuando se identifica fragilidad, el consenso sitúa la prehabilitación basada en ejercicio en el centro del manejo.
Recomienda considerar intervenciones de ejercicio para todos los candidatos a trasplante pulmonar, incluidos aquellos que reciben soporte mecánico, de forma paralela al proceso de evaluación. El ejercicio debería incluir entrenamiento de fuerza o resistencia de las extremidades inferiores y trabajo de resistencia cardiovascular según tolerancia, con al menos tres sesiones por semana y actividad diaria recomendada.
También se recomienda la evaluación nutricional y el apoyo nutricional individualizado junto con el ejercicio, ya que la malnutrición y la sarcopenia pueden contribuir a la fragilidad.
El documento recomienda además repetir las evaluaciones de fragilidad cuando el resultado pueda influir en la toma de decisiones clínicas o cuando exista un cambio clínico significativo.
Esto hace especialmente relevante la posibilidad de repetir la medición: el valor de evaluar la fragilidad no reside únicamente en identificar riesgo, sino también en seguir su evolución en el tiempo.
El reto de implementación es la estandarización y la repetibilidad
Las evaluaciones de fragilidad física como el SPPB pueden realizarse con relativa rapidez y buena repetibilidad, pero su implementación sigue requiriendo personal formado, administración estandarizada, medición, documentación y espacio para realizar pruebas físicas.
Por tanto, para los programas de trasplante el reto no es simplemente reconocer la importancia de la fragilidad. Es construir un proceso que pueda utilizarse de forma consistente durante la evaluación del candidato, la prehabilitación, el seguimiento en lista de espera, la hospitalización y los cuidados posteriores al trasplante.
Una evaluación útil de la fragilidad debe ser lo suficientemente práctica como para repetirse cuando cambie la pregunta clínica.
Un posible papel para el SPPB automatizado
AndanteFit es un sistema automatizado diseñado para medir y puntuar los tres componentes del SPPB —equilibrio, velocidad de la marcha y cinco levantamientos de una silla— mediante un proceso instrumentado y estandarizado. Está diseñado para reducir el cronometraje y la documentación manuales y completar una evaluación SPPB en aproximadamente tres minutos.
El valor potencial de la automatización no consiste únicamente en hacer la prueba más rápida. La medición automatizada y estandarizada puede reducir pasos dependientes del operador y facilitar la recopilación de evaluaciones repetidas en un formato consistente entre diferentes profesionales y momentos de seguimiento.
El consenso ISHLT 2026 no evaluó ni recomendó AndanteFit. Sin embargo, deja claro que la evaluación objetiva de la fragilidad debería formar parte de la atención al trasplante pulmonar y que las medidas de rendimiento físico como el SPPB cuentan con una base de evidencia establecida en esta población.
Desde esta perspectiva, el SPPB automatizado puede considerarse una posible estrategia de implementación para los programas que buscan integrar de forma práctica una evaluación estandarizada y repetida de la función física en los flujos clínicos y de investigación del trasplante pulmonar.